Punta Arenas - Chile
DESTACADO

Saludo Rectora

Muy estimados miembros de nuestra Comunidad Educativo Pastoral:

Reciban un saludo cordial y fraterno en el Señor de la Misericordia.

Al iniciar  este nuevo  año lectivo, les auguro que sea un buen tiempo para todos y cada uno de ustedes, acogiendo cordial y plenamente  a todos nuestros estudiantes y apoderados que se incorporan por primera vez, desde este año a esta casa salesiana.

Al partir este año escolar, con entusiasmo y la sensación de comenzar algo nuevo, con muchas esperanzas y anhelos, los invito a enfrentar los desafíos con empeño, confianza y con la convicción de que los logros que esperan alcanzar, los éxitos que anhelan, coronen, al final del año, todos sus esfuerzos. El éxito dependerá fundamentalmente de la responsabilidad y perseverancia con que aborden el trabajo cotidiano, y la capacidad de enfrentar los fracasos como oportunidades para crecer, e integrarlos en el proceso de aprendizaje que la vida nos ofrece.

¡Lo nuevo es siempre una oportunidad para el cambio, para mejorar, pero es una oportunidad no una certeza… se debe aprovechar!

El año recién pasado, con alegría celebramos el bicentenario del nacimiento de nuestro padre fundador Don Bosco; y en éste, somos invitados por el Papa Francisco a experimentar con gozo la Misericordia del Señor. Ambos acontecimientos nos llevan a la misma fuente: el corazón de Dios, lleno de amor y misericordia por cada uno de nosotros, con una especial debilidad por aquellos que más necesitamos.

En efecto, Don Bosco, movido por el Espíritu Santo, experimentó la familiaridad de Dios como Padre que le impulsó a ser también padre de los jóvenes; con Cristo, que le envió a ser un Buen Pastor que va en busca de los muchachos más necesitados de su amor. Bien sabemos que, movido por esta experiencia del amor incondicional y compasivo del Señor, no dudó en entregar toda su vida, con profunda coherencia en el pensar, hablar y obrar, con la competencia adecuada y con generoso espíritu de servicio, de modo que todos pudiesen percibir en él un signo y portador del amor de Dios, especialmente para los más pobres y abandonados.

La entrega de Don Bosco fue tal, que atraídos por su ejemplo, sus mismos jóvenes quisieron ser signos del amor misericordioso de Dios, para los jóvenes del mundo entero. Como Monseñor José Fagnano, fundador de nuestra comunidad, cuyo centenario de su muerte vamos a recordar durante este año, que no dudaron en dejar incluso su patria, para ser expresión del amor de Dios que sale a nuestro encuentro, para decirnos que nos ama con todo su corazón.

Ayer fueron Fagnano, Ferrero, Griffa, Audisio… Hoy somos nosotros, los invitados a recorrer con Jesús, y como comunidad, la aventura del Espíritu. No perdamos esta oportunidad de gozar el mayor de los éxitos que pudiésemos tener en la vida: experimentar, ahora y por siempre, el amor de Dios, fuente de alegría, paz, perdón, bondad, misericordia.

Aceptemos la invitación, y pongámonos a trabajar, confiados en el permanente auxilio de la Virgen, madre de la misericordia.

Con afecto fraterno

Rosa Cárcamo Dimitropulos

Rectora